Curso de Productividad

Este post no pretende hacerte perder el tiempo. Precisamente has llegado aquí porque quieres aumentar tu productividad y no voy a ir con rodeos acerca de historias increíbles que le han sucedido a otra gente. No voy a ir dejándote “cliffhangers” (como en esas series que te dejan con la ansiedad al final de cada capítulo para que sigas enganchado con el siguiente), y al final contarte obviedades o darte un enlace a una página web para que acabes comprando mi curso de productividad. Por cierto que no tengo ningún curso de productividad. Simplemente soy una persona normal, que un día descubrió técnicas de productividad que me funcionaron y ahora escribo este pequeño libro para compartirlas. No son ningún secreto oculto ni tampoco son los diez mandamientos. Pero lo que sí te aseguro es que si las aplicas y las incorporas a tus hábitos, cambiarán tu vida.

El hábito es la clave. Por eso tiene uno de los primeros capítulos dedicados a él. Sin la voluntad de incorporar cada una de las técnicas en tus hábitos, no hay nada que hacer. Pero tampoco te apresures. Iremos implementando las técnicas una a una, y poco a poco para asimilarlas.

Empecemos.

El flujo

Todo input que entra en tu vida requiere de alguna acción. El flujo es la trayectoria que tú decides que ese input tome en tu vida. Y un input es cualquier cosa: desde un email en tu correo, hasta una factura de la luz, pasando por una idea que te ha venido a la cabeza o esa puerta a la que se le ha estropeado la bisagra. Obviamente también tareas del trabajo.

Todo input va a estar rondando por tu cabeza esperando que tomes una decisión con él. Y eso es el flujo. ¿Qué recorrido tomará tu input? Podemos establecer las siguientes acciones con él:

  • Desecharlo
  • Incubarlo
  • Archivarlo
  • Delegarlo
  • Hacerlo

Probablemente lo primero que intentas hacer cuando recibes un input es fijarlo en tu mente convencido de que más adelante te acordarás de él. Pero eso es un grave error. ¿Verdad que cuando vas a comprar al supermercado no intentas acordarte de todo lo que tienes que comprar? ¿Y qué es lo que haces? Apuntarlo en una lista. Pues esto es solo un ejemplo del flujo. En este ejemplo, el hecho de hacer la lista de la compra entraría en el bloque de archivar el input para usarlo luego.

Pero vamos por partes como diría Jack el destripador. Si entra un input y no te interesa ni va a ser de utilidad para ti en el futuro, deséchalo .

Si por el contrario sí es de utilidad o vas a necesitarlo en el futuro, puedes hacer varias cosas con él:

Incubarlo para analizarlo más tarde. Quizás no estés en el momento o lugar adecuado para realizar o usar el input, así que incúbalo para cuando proceses tu bandeja de entrada (cosa que veremos en el capítulo 5).

– En el tiempo y momento adecuado podrás archivar el input. Normalmente dedicaremos un espacio temporal a ello. Un par de horas a la semana por ejemplo.

Si el input es algo que hay que hacer, es posible que tengas que delegar el asunto y ponerle un seguimiento.

Finalmente, los inputs accionables requieren hacerse obviamente. Pero ya veremos que no es tan obvio, aunque sí de sentido común. No se trata de hacer y hacer todo lo que llega, entrando en el pésimo hábito de la multitarea y la desorganización.

A lo largo de los siguientes capítulos iremos desarrollando diversas técnicas orientadas a la mejor implementación de este flujo de acciones. Pero te aviso nuevamente. No intentes implementar todo de golpe. Lo único que conseguirás será saturarte y frustrarte.

EJERCICIO. Para finalizar este capítulo te propongo que analices cómo es tu flujo actualmente. ¿Qué acciones tomas cuando tienes un input? Anótalas y ve tu evolución a lo largo del libro.

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